I Congreso Internacional
 
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ABSTRACTS CONFERENCIAS PLENARIAS

W.J.T. MITCHELL. "Los medios visuales no existen"

La de "medios visuales" es una expresión coloquial que se utiliza para designar cosas como la televisión, el cine, la fotografía, la pintura, etc. Se trata, sin embargo, de una denominación enormemente inexacta y que puede inducir a error. Porque, bien mirado, todo lo que conocemos como medios visuales implica, en realidad, al resto de los sentidos en forma necesaria y concluyente, empezando, naturalmente, por la percepción visual. La obviedad de este punto plantea dos cuestiones:

1) ¿por qué nos empeñamos en hablar de medios visuales como si la frase definiera alguna categoría real?

2) ¿qué ganaremos si aclaramos la confusión? ¿Qué ganará el estudio de la cultura visual de la crítica de la cosificación de la "visualidad" que ha permanecido sin cuestionar en las controversias de la modernidad y la posmodernidad sobre lo que se conoce como "medios visuales" no referidos exclusivamente a los mass media, sino también a la "pura opticalidad" de la alta modernidad?

 

KEITH MOXEY. “La Estética de la Cultura Visual”.

La conferencia abordará el papel de la estética dentro del debate general acerca de la naturaleza de la historia del arte en relación con los estudios visuales. Tomando como base el concepto de estética que se deriva de la filosofía alemana del siglo XIX, son muy pocas las ocasiones en las que la historia del arte se ha desviado de su punto de partida. Al analizar el espectro de la cultura visual sin atender al hecho de si sus contenidos pertenecen o no a la categoría de “arte”, los estudios visuales lanzan un desafío al modus operandi tradicionalmente familiar a la historia del arte, mostrando a menudo un notable interés por imágenes no reconocidas hasta el momento como “obras de arte”. La posibilidad de valoración estética de nuevos tipos de experiencia visual que nos brindan los estudios visuales, supone un reto directo a las teorías tradicionales con las que la historia del arte se ha venido identificado hasta hoy. En otras palabras, los estudios visuales encuentran relevancia estética en lugares en los que la historia del arte no ha estado nunca dispuesta a buscar.

Dentro del contexto de la globalización, la importancia que posee el potencial de los estudios visuales para la reflexión estética ha alcanzado tintes dramáticos. En efecto, las teorías universales sobre estética han demostrado ser totalmente insuficientes para enfrentarse al desafío de la producción cultural de otras culturas. Nuestra comprensión de los artefactos no occidentales se ve con frecuencia distorsionada debido a que el estatus artístico que se les asigna lleva consigo valores europeos –como el de la “contemplación desinteresada”- totalmente ajenos a las culturas no occidentales. Más que defender la pureza de los valores culturales autóctonos, más que insistir en la comprensión de los artefactos culturales desde el punto de vista exclusivo de la cultura a la que pertenecen, este argumento constata la condición de ensoñación utópica que entraña el tratamiento de cada uno de ellos como algo autónomo. Nos guste o no, la globalización garantiza la existencia de procesos de translación cultural. Por otro lado, no es posible desechar, sin más, la hibridación que acompaña al proceso globalizador, con el argumento de que se trata de una manifestación del “capitalismo tardío”, ni ignorar los productos de la cultura global a causa de su condición mercantil. En lugar de considerarlos deficientes a la luz de criterios asociados a conceptos de valor estético tradicionales, es posible apreciarlos, con gran aprovechamiento, desde la perspectiva de una “estética policéntrica” para la que no caben exigencias universales. El futuro de la estética descansa, precisamente, sobre ese universo acordado de valores híbridos.

 

JOHN WELCHMAN. De lo siniestro en la cultura visual

Mi ponencia se basa en un texto que acabo de finalizar para el catálogo de una exposición organizada por Tate Liverpool (que tiene previsto viajar luego al Museo de Arte Contemporáneo de Viena) titulada "The Uncanny". La exposición plantea una amplia revisión de un proyecto clave organizado por el artista residente en Los Ángeles Mike Kelley hace ya una década para Sonsbeek 93 de Arnhem, Holanda. Junto a libros y artículos de Tony Vidler, Hal Foster y otros, la innovadora ‘exposición dentro de una exposición’ de Kelley fue uno más de los diferentes esfuerzos que se llevaron a cabo dentro del mundo del arte y de la arquitectura por establecer un estudio histórico crítico y por explorar las implicaciones de los efectos estéticos y sicológicos que fueron planteados por primera vez en forma detallada por Sigmund Freud en su ensayo de 1919 'Lo "Siniestro"'[‘Das “Unheimliche”’]. Esas reflexiones de los años noventa sobre lo siniestro se unen al conjunto de análisis y planteamientos de otros conceptos sicoanalíticos dentro del mundo del arte, entre los que debemos incluir el automatismo y las obras oníricas de André Breton y los surrealistas; la disidente ‘paranoia crítica’ de Salvador Dalí'; y las teorías y prácticas sobre el narcisismo, lo abyecto y el trauma desarrolladas durante los años noventa.

Además de esos contextos de carácter amplio, la obra realizada por Kelley en varios tipos de soportes, así como sus abundantes escritos –con especial mención a su propio ensayo sobre lo siniestro- han explorado, a veces en profundidad, preocupaciones de índole psicológica y psicoanalítica como la represión o el Síndrome de la Falsa Memoria, la sexualidad infantil y la adolescencia. Comenzaré por esbozar algunos de esos contextos generales y específicos, partiendo de Freud, examinaré la aportación de Kelley, incluyendo su asociación de lo siniestro con la práctica del coleccionismo, y echaré una ojeada a una serie de temas que guardan relación con todo ello, entre los que se encuentran los apuntados por Kelley acerca de los posibles vínculos entre la experiencia de lo siniestro y la teoría de la simulación, y cómo los desplazamientos que han tenido lugar en el mundo del arte durante aproximadamente la última década han alterado de una manera fundamental la creación y la recepción de la escultura policromada de escala humana.

 

SUSAN BUCK-MORSS. “Estudios Visuales e Imaginación Global”

¿A qué se debe el actual nivel de notoriedad de los Estudios Visuales? ¿A qué intereses sirve esa situación? ¿Constituye esta investigación una mera respuesta a las nuevas realidades de la cultura global, o es ella misma la que está produciendo esa cultura? Si es así, ¿posee capacidad para hacerlo de una manera crítica? Desde una perspectiva global –aunque desde el punto de vista local de la Historia del Arte y con la imagen visual como medio- podemos constatar en nuestros días el surgimiento de una estética diferenciada: una ciencia de lo sensible que acepta hoy que la percepción de la globalización se perciba, inevitablemente, como una fina membrana de imágenes. ¿Cómo puede la teoría aprender de esas prácticas artísticas contemporáneas dedicadas al estiramiento de esa membrana, proporcionando profundidad de campo, ralentizando el tempo perceptivo y concediendo a las imágenes la posibilidad de revelar un espacio para la acción política común? ¿Qué significado tiene la “opinión mundial” dentro del contexto de las imágenes globales? ¿Qué efectos tendrán unos Estudios Visuales críticos que resisten la injusticia mediante el trabajo de la imaginación contracorriente? ¿Serán capaces de entrar en un campo de negociación que facilite la salida desde la posición de hegemonía europea para emprender la construcción de una esfera pública globalmente democrática?

 

NICHOLAS MIRZOEFF. LIBERTAD Y CULTURA VISUAL: PLANTANDO CARA A LA GLOBALIZACIÓN

Como parte del discurso de Occidente sobre su naturaleza, la cultura visual está ligada a episodios de emancipación inminente: la libertad. Los primeros usos del término se dieron en el texto utópico de Marshall McLuhan Understanding Media, de 1964. Ante la inminente emancipación cibernética del trabajo diario, como se creía entonces, McLuhan vio en la tecnología de las imágenes electrónicas el síntoma de dicha emancipación. Pero críticos como Clement Greenberg, quien también empleó el término 'cultura visual' a principios de los años 60, o la escuela de Francfort inspiraron una crítica de la industria de la cultura y la teoría Situacionista de la 'sociedad del espectáculo' se combinó rápidamente para hacer de la teoría de McLuhan algo reaccionario e ingenuo. La segunda ola de cultura visual desde 1991 hasta 2001 manifestó el enfado generado por su deseo frustrado de emancipación, derivando su energía del feminismo y de los estudios culturales. Al mismo tiempo, aprovechó el impulso del utopismo tecnológico alimentado por Internet y por la fe en lo digital en general, que se estrelló en 2000. A medida que la globalización se ha ido consolidando en la forma más reaccionaria posible, uno de sus muchos actos de consolidación ha sido su apropiación total del discurso de la libertad. Esta reformulación contempla la libertad como el sujeto de expropiaciones sin coto del mercado global. Más que una sociedad de redes que parecía emerger en los años 90, el imperio americano se ve a sí mismo en un circuito cerrado de acceso restringido, permitiéndole a esta minoría visualizada ver más allá de los límites de la percepción visual,

En el escenario posterior a las revoluciones fallidas de 1968, Michel Foucault observó que 'la promesa de la Ilustración de alcanzar la libertad mediante el uso de la razón se ha invertido, resultando de dicha inversión una dominación de la misma razón, lo cual usurpa cada vez más el lugar de la razón'. Sin embargo, como respuesta a ciertas lectura erróneas de su trabajo posterior, Foucault también se vio obligado a afirmar en una entrevista en 1984 con Actes, 'Creo firmemente en la libertad humana.' Esta observación parece tan ingenua, tan poco parecida a nada que esperaríamos de Foucault, que deberíamos detenernos a pensar. Al permitir a las revistas y los laboratorios de ideas conservadores el monopolio sobre el discurso de la libertad, la izquierda intelectual ha olvidado demasiado de sí misma. Este ensayo desafía las prácticas de la libertad desde las particularidades de la identidad, y viceversa.

 

NORMAN BRYSON. Seurat y el Escenario del Dibujo

Una objeción típica al estudio de la 'cultura visual' es su indisposición a abordar la especificidad y sensual materialidad del arte: el carácter único de la obra de arte como forma material se convierte así en ilustrativo de un proceso (auténticamente cultural) que tiene lugar a un mayor nivel de generalidad que el que implica la obra contemplada en tanto que singularidad material. Y ese es, precisamente, el tema frente al que la historia del arte tradicional ha formulado quizás sus más graves reservas en cuanto a la viabilidad de la 'cultura visual' como disciplina: lo que se echa en falta en el nuevo campo es exactamente 'conocimiento'.

Mi ponencia sostiene que no se debe entender la 'materialidad' de la obra de arte como un conjunto de cualidades inherentes a la obra ulteriormente analizado por ese conocimiento, sino que debemos, más bien, concebir la 'materialidad' como retórica y ecfrásticamente construida: el conocimiento no ha descubierto, sino producido, esa materialidad de la que habla, residiendo su peculiaridad en haber restringido sus operaciones retóricas a un radio de acción tan limitado.

¿Qué ocurriría si los estudios visuales abrazaran sin reserva el punto de vista del viejo (y quizás ahora en su mayor parte fenecido) conocimiento? ¿Qué pasos podrían sacarlo de los confines formalistas y conducirlo hacia las preocupaciones más amplias que entraña la cultura visual? Mi ponencia intenta responder a esta cuestión efectuando un rodeo por los dibujos de Seurat.

 


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